Hola. Soy Paco. Voy a contaros cómo es mi vida con ansiedad.
Yo vivo en la angustia de estar siempre al borde de un precipicio, haciendo equilibrios inútiles, para aferrarme a un camino que nunca llego a sentir seguro.
A veces hay tregua, la atención se ocupa de pequeñas rutinas, se focaliza en ellas y hay cierta paz en esos momentos. Pero en general está alerta. La consigna es que algo malo va a sucerder y tengo sentarme ante la puerta a esperarlo.
Como no sé lo que será la causa de mi desdicha, cualquier cosa es suceptible de ser temida. Desde la actitud distraida de un vecino que no me saluda, al significado subjetivo de una tos repentina.
El proceder es siempre el mismo. Se elevan las señales neutrales (las cosas normales que a uno le pasan en el día a día) a la categoría de señales de alerta (situaciones excepcionales que nos indican peligro inminente) produciendo así los consecuentes cambios fisiológicos, a saber, sudoración, dificultad respiratoria, tensión muscular, molestias gástricas, sensación de inestabilidad, sensación de urgencia (huida o ataque), temblores, incontinencia, mareos, y quizá me deje algún otro en el tintero.
Una vez llegados a este estado, que no siempre se manifiesta de una forma aguda, empiezan los efectos psicológicos: pensamientos negativos.
Encontrarme en situación de alarma hace que las ideas sean también alarmantes, para tener coherencia con mi estado, esto es: "me siento amenazado, ok , entonces hay una amenaza".. .
- Oh, fíjate en este lunar! Antes no estaba (o sí, no lo recuerdo) préstale atención, sí creo que noto cierto picor y se ve como abultado...
El lunar se cruzó en mi camino mental de catástrofes inminentes y lo interpretó en su máxima magnitud de negatividad.
Pasados unos días, o semanas, se me olvida el lunar porque no parece crecer, y la vida vuelve a ser maravillosa. Hace sol y todo está tranquilo, me siento inmortal!!
Pero mi vigilante amígdala sigue observando desde la puerta con su ley de Murphy en mano así que ... recuerdo que no entregué a tiempo los informes del trabajo.
El cortisol se siente liberado, y con razón, pues me lleno enseguida de esta hormona del estrés, hasta las cejas.
"Me van a despedir. Pensarán que soy un inútil, es más, no es una idea..soy u inútil. qué voy a hacer ahora? No puedo pagar el piso sin trabajo... Podría volver a casa de mis padres?? ...no puedo trabajar en otro sitio, no me van querer, será horrible..Y ¿qué voy a hacer?? El médico va a pensar que mi ansiedad es cuento chino y no tengo ganas de trabajar...uff me estoy mareando..."
En ese momento mi jefe se cruza conmigo y me dice:
"Paco hombre! que aún no tengo tu informe, déjamelo en mi mesa cuando lo tengas, vale?"
Tengo ganas de bailar. Dejaré el informa en la mesa y hoy me voy a celebrarlo, una buena paella y unas cuantas cervezas. Me lo merezco. He salvado la vida.
Ahora ya sabéis cómo es vivir con una amígdala guardiana, siempre alerta.
Y así es como Paco mantiene siempre su ansiedad viva, alerta y pendiente de todo lo que ocurre, aunque lo que ocurra no tenga la mínima gravedad. A lo largo de su vida habrán muchas paellas y muchas cervezas, también muchas catástrofes que nunca habrán existido, y muchos días con esa sensación de haber sido indultado. Con los años se llevará un susto. Esa vez será solo ansiedad, su corazón es fuerte. Pero el médico le advierte. No puedes seguir así Paco, tienes que tomarte la vida de otra forma. Efectivamente uno puede aprender mucho de su ansiedad, y puede gestionarla de forma que sus efectos tengan menos consecuencias negativas en nuestra vida. Observa tus pensamientos y si son exageradamente negativos no les des toda la credibilidad, ponlos en duda! Realiza a menudo relajación, camina a diario, aliméntate bien, haz a ctividades divertidas, relaciónate y si aún así, no lo consguies, busca un profesional de la psicología y cámbialo!
Laura. R S, Psicóloga
La Kaverna
