jueves, 28 de febrero de 2019

La próxima vez



La próxima vez, cuando te sientes en el sofá, aburrido, somnoliento, sin ningún interés en nada, recuerda todas las ocasiones en las que has dicho que hoy no te apetecía salir, dar una vuelta, o quedar con un amigo.

La próxima vez, cuando no te cierren ya esos pantalones holgados y la salud se empiece a resentir, recuerda todas las veces que decidiste ascensor y no escalera, serie en vez de paseo, pastel en vez de fruta.

La próxima vez que no sepas qué hacer ni con quién contar, recuerda las veces que has dicho que no a las oportunidades, a un cine, un café, a una tarde sencilla .

La próxima vez cuando falten ,ganas energía e ilusión, recuerda las veces que aparcaste las aficiones y te quedaste en tu encierro.

La próxima vez, quizá sea la única vez . La próxima vez puede que no queden veces. La próxima vez está hecha de tiempo. La próxima, quizá, te diga la vida "hoy no".

Ni te imaginas la de cosas que puedes hacer cambiando simplemente el orden de las frases:

" La próxima vez ya veremos, hoy sí".


Laura R.S.
La Kaverna

lunes, 18 de febrero de 2019

La fragilidad de las relaciones sólidas



Un soplo de viento  y cual naipes apilados, se derrumban las más altas cúspides, los más firmes cimientos.

¿Porqué no es el amor ni eterno ni verdadero? 

Los primeros meses, incluso, los primeros años, los intensos, son frágiles. Pero no por la falta de experiencia, es una cuestión de visibilidad, en realidad todas las relaciones pueden ser frágiles. Simplemente el amor primerizo lo sabe. Y teme el adiós a cada instante. Y es que el otro es volátil y nada nos debe. 
Ingenuos primeros besos, vosotros sois los urgentes, los dueños del espacio y del tiempo.


Los años sólidos en cambio, se confunden con raíces. Creen que lo complejo los hace invencibles. Hijos, hipotecas, viajes, costumbres, rincones, domingos, familas, amigos, proyectos, destinos, fotos, san valentines...

Un soplo. Hace falta un soplo de aire fresco en medio de la costumbre y la mente viaja hacia lo nuevo, lo desconocido, la atrapa, no sin resistencias!, pero no sin ganas.
Idealiza una sombra, un recuerdo, una puerta abierta, tal vez un camino que se olvidó a medias, un sueño que no se cumplió, un amor primerizo que el azar te cruzó, o un momento de estrés o simplemente la consciencia absoluta de que esa vida no se desea más. El proceso largo y conciencudo durará, a veces, mucho tiempo. Pero la emoción, en algunos casos, ya habrá decidido.

 La vida también es un soplo. Nos curzamos, nos mezclamos, nos amamos, nos sepramos, nos reímos, nos lloramos, nos sabemos, nos silenciamos. Y vuelta a empezar. Quizá es que nosotros también somos soplos. Una brisa que enciende y apaga, que aviva y se pasa. 

La vida es volátil aunque tratemos de retenerla y aferrarnos a lo que conocemos, y le prohibamos a nuestros hijos que crezcan, a los viajes que acaben, a las costumbres que mueran, a los domingos que cambien,a las despedidas  que sean para siempre.

Nos transformamos. Y podemos hacer algo digno con ello. Algo de suma belleza. Con lo que quedó de todo aquello que fuimos, hagamos cosas nuevas. Sin temor al adiós ni al silencio. 

Aunque parezca dealentador, estas letras intentan atravesar la realidad y buscar una tregua. Sin temor a perder, uno ama sin obstáculos ni complejos. Ama de verdad. De esos amores que llenan, que aportan, que hacen que crezcas. El vínculo con la otra persona se hace más deseable, más tranquilo, más cercano a uno mismo. La admiración crece, porque no es producto de una expectativa, sino de la experiencia vivida. Y es un sentimiento pleno y sincero. Y ese amor que parece más volátil porque se permite pensarse libre, ése, tiene muchos más ingredientes para ser largo y duradero, quién sabe si será eterno. Un amor enorme porque es respeto y es apoyo y siempre suma.
 No importa si es para siempre o no. Lo que importa es que cuando estén, sean.


La Kaverna

domingo, 10 de febrero de 2019

La extraña broma


Sumergió de nuevo la cabeza dejando el cabello de la coronilla fuera del agua. Tenía los brazos extendidos y , aunque ella no lo vió, sabía que sus ojos estaban abiertos y enrojecidos por el cloro. Tras un ridículo espacio de tiempo se asomó a respirar tan deprisa que el aire no debió llegar al fondo de sus pulmones aún cuando, su boca, abierta y urgente lo dijo :
- Estamos muertos.

Ella miraba fijamente esos ojos redondos y rojizos. Las gotas de agua de sus  pestañas caían lentas y pesadas y acaban rodando por sus pecosas mejillas.

-No me crees? - dijo
-A qué estás jugando Ernest?
-Mira tu mano. - le respondió-

Ella dudó unos instantes. Aguantaba el equilibrio moviendo los brazos y las piernas. Qué tontería! -pensó . Pero quería acabar con esa absurda broma y sacó los brazos del agua, doblándolos hacia arriba, y dejando que quedaran las manos a la altura de su cabeza.

- Podemos salir ya de la piscina? estoy empezando a tener frío. Además quiero uno de esos helados con tres bolas y seguro que hay una cola tremenda para comprarlo. Vamos antes de que se acerque la hora de cerrar!.
-He dicho que mires tu mano, no que me la enseñes a mí!

Seguía insistiendo con la broma pesada. Ella podría haberlo ignorado, pero su expresión era tan distinta a él que empezó a inquietarse.
 -Tal vez se ha vuelto loco- pensó.

¿Puede alguien volverse loco en un instante? En una simple zambullida?

-Mira tu mano- gritó. Y fue un grito que sonó a lamento y retumbó en algún lugar imposible, hasta devolverlo a los oídos de ella en un eco extrañamente sordo, profundamente frío. Entonces miró.

No te preocupes por el helado. Ya no hay nadie en la cola. - La voz de Ernest era ahora un susurro nostálgico, como si lo hubiera sabido siempre y hoy solo fuera parte de la eternidad.

El silencio no dejó que se oyeran sus pasos al salir del agua transparente. No se oyeron los gritos divertidos de los niños, ni el silbato del vigilante. Solo el vacío.

-Ernest!
Él se giró a mirarla de nuevo, y la vió allí, sola, dentro del agua.

-Cómo me llamo?
-Cómo te llamas? qué pregunta es esa? te llamas… pero no conseguía recordar. Ni siquiera podía asegurar que alguna vez hubiera tenido nombre.
-No podemos morir, Ernest. No puede morir lo que nunca nació. No tengo brazos, ni piernas, ni siquiera pensamiento. No soy yo quien  ha creído que estabas loco.
-Yo nunca he dicho eso!
-Pero lo sabes, verdad? ven! vuelve a la piscina despacio, no te preocupes, quizá haya tiempo.
-Tiempo para qué?
-Para cambiarlo! Solo vuelve a zambullirte y continuemos con el juego de saber quién aguanta más debajo del agua. Ahí es donde se rompió el hilo.
-Qué estás diciendo?
-Cuando saques la cabeza dime que yo no aguantaré ni la mitad y salpica mis ojos con agua riendo. Yo te diré que soy capaz de aguantar el doble. Entonces regresarán las voces, los silbatos, los niños, el olor a césped y el aire libre.
-¿Cómo lo sabes? ¿porqué sabes que eso pasará? No! Estamos muertos!
-Ernest! Nunca has estado vivo. Pero ahora hay que dejar de hablar de esto o no tendrá solución, Simplemente nos esfumaremos. Hay que dejar que la historia continúe. Que el libro se siga escribiendo.


Ernest volvió a la piscina sin apenas entender. Se metió despacio en el agua y sumergió la cabeza. Al sacarla la salpicó de agua y ella le dijo que aguantaría el doble. Miró a su alrededor. El mundo había vuelto. Y continuaron actuando como si  no supieran nada, siguiendo el guión que se aparecía en sus cabezas. No eran sus pensamientos. Y ya nunca lo serían. Pero de alguna manera, estaban allí, el viento parecía pasar entre sus dedos, y el tendero sonreía sosteniendo un helado enorme. Quizá no les hiciera falta estar vivos para existir.  

La Kaverna

SEGUIR RESPIRANDO

El verano pasado estuve en la India. No es la primera vez , y espero no sea la última, que me aventuro entre sus calles, entre sus ...