miércoles, 1 de abril de 2020

SEGUIR RESPIRANDO




El verano pasado estuve en la India. No es la primera vez , y espero no sea la última, que me aventuro entre sus calles, entre sus olores, sus colores, sus gentes, su caos, su estructura imposible, sus rickshaw, entre sus maravillas y sus infiernos, entre su humanidad y crudeza, pero sobretodo entre sus sonrisas. 

Aprendí,  porque en cuanto sales a la calle no tienes más remedio, y si eres buen observador,
 y han pasado ya algunos días tras el susto de rigor,  esa realidad se cuela por los poros de la piel.
Entiendes, valoras, te acostumbras, relativizas. Pero solo en parte. Porque hay muchísimas cosas que están mal y  que, a nuestros ojos son inadmisibles.

Hay millones de personas allí que viven por debajo del umbral de la pobreza con nula capacidad de ahorro, con apenas lo justo para seguir respirando.

¿Coronavirus? Primero se llevará a los pobres, que no son , precisamente, a quienes me refiero. 
A la gente de la que os hablo se la llevará antes el hambre , en sus chozas ya infestadas de injusticia, porque un día sin salir, es un día sin comer.

¿Tercer mundo? Esos pobres son, exactamente iguales a nosotros, solo había que quitarnos el espejismo de riqueza. Nuestra abundancia era de consumo y de deudas.

Y ahora que el mundo tiembla, y se tambalean los pilares de la sociedad, tal y como la conocemos, ahora, necesitamos un plan común,la unión, la solidaridad, desterrar los abusos y salir junt@s para respirar de nuevo. Solo eso, respirar. Ahora, que podemos  no ponernos, pero sí rozar la piel de aquellos más vulnerables, hagamos algo bueno. Queda claro que nos necesitamos. Y necesitamos el bienestar y el sol, y sentir que nos protegen.

 Cuando esto pase, que pasará, repartamos con toda esa gente que sufre nuestros excesos de bienestar. Ellos ya reparten lo mejor que tienen, su infinita sonrisa.

Laura R. Segarra
La Kaverna   

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