
Sombras que se arrastran tras esta existencia que crece, cambia, arma y desarma, desecho
de la voluntad que ni aviva ni calma, ni enaltece ni hiere.Almas sin alma que contagian la pesadumbre, el vacío que dejan las huídas ganas, que apagan las llamas, que no tienen sueños, ni ilusión, ni esperanza. La vida entre almohadas se ve gris a través de la ventana y corren las horas buscando refugio, pero el veneno se expande y el ambiente es denso, tan denso, que todos los tiempos allí fueron iguales.
Hay espesor. El hueco es más libiano que la pereza. La pereza. Que nadie la culpe. Ella nació para ser merecida entre las horas llenas. Las horas muertas solo existen entre quienes jamás las tuvieron vivas.
Si se duerme la emoción y se anestesia la vida, hay que fugarse de ese lugar, donde habitan y nos contagian los que no tienen ganas, los que solo descansan, los que letárgicos sin ilusión. La apatía, cual pantano de arenas movedizas, engulle a todo el que esté alrededor.
La Kaverna
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