Si lo estás haciendo, deja de quejarte. Ya lo has hecho y está bien, pero, ¿qué hay detrás de tu queja? ¿Dónde está el plan con el que vas a hacerle frente a eso que te molesta, dónde están las soluciones propuestas? Desahógate, pero que te sirva para no seguir ahogándote . No hagas del lamento una forma de vivir porque no te servirá para eso. El lamento es darte cuenta de lo que no funciona, la rabia ante la frustración , ante la consciencia de lo que no te sirve. Ese profundo rechazo a lo que ocurre habrá de servirte para cambiarlo, o para cambiarte, o para aceptarlo, o para acordarlo. Si no puedes, si tienes miedo de cambiar las cosas, entonces siente el miedo. Es mejor saberse temeroso que injustamente devaluado por una vida repleta de mala suerte. Porque el temor se gestiona, y con grandes miedos se han hecho grandes cosas. La mala suerte, lo injusto o el pensar que todo lo malo te ocurre, son enemigos invisibles, es niebla en el camino, es parálisis.
"No te preocupes por tener miedo, incluso con él, puedes mejorar las cosas".
Si lo estás haciendo, deja de aleccionarte, de decirte cómo tendrías que haberlo hecho y cómo no deberías haber actuado. De guiarte cual sargento estricto guía a los soldados a un hacer rígido y correcto, como si existiera un manual de instrucciones perfecto para vivir. Haz lo mejor para ti y para tus sentimientos, haz lo mejor en este momento, haz lo adecuado y no lo perfecto, hazlo aunque salga mal, hazlo pensando en qué cosas te traerá esa conducta. Hazlo junto a la voz interna que te apoya, te reconoce y te tranquiliza, no junto a aquella que te critica, que te advierte, que te recuerda los fracasos , en un sesgo constante de su evaluación.
Ve en busca de la mejora, pero cuando la búsqueda sea emoción, diversión, reto, motivo de crecimiento. Jamás avances a ritmo del látigo acusador, el que te culpa de lo que te ocurre y de cómo te sientes, el que hace que te lamentes de cómo es tu vida, el que te dice cómo deberían ser las cosas y subraya solo lo que está mal.
Querer crecer de verdad, es un antídoto para el maltrato interno.
La Kaverna

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