Sentirnos perdidos, desorientados, desubicados, da miedo. Por eso asusta el cambio. Porque es incertidumbre, es el adiós a la vida conocida y es angustiante . Incluso cuando hemos sido nosotros mismos quienes hemos puesto un pie en el abismo. Apenas nos asomamos y cerramos fuerte los ojos. No mirar, no escuchar, no sentir, solo huir al ritmo taquicárdico de un corazón galopante.
Pero un día, con calma, uno se atreve a imaginar. Siente curiosidad por saber qué hay después del abismo, detrás de esa puerta que se teme abrir, y surge la pregunta: qué es lo peor que podría pasar? Y nos soltamos de manos, nos dejamos caer y al fin, la mente acepta. Apenas es un pensamiento fugaz e íntimo pero nos empuja, cual gato, a curiosear, a explorar el mundo y superar el miedo para avanzar.
Un día, sin más, uno empieza a pensar "qué pasaría si..."
La Kaverna
No hay comentarios:
Publicar un comentario